En las sociedades modernas y diferenciadas, el uso de la palabra matrimonio ha abandonado su antiguo significado etimológico y su antiguo sentido religioso, para referir a un tipo laico de contrato oriundo del Derecho Civil y, en última instancia, del Estado de Derecho. Como todas las normas positivas, la norma que regula la unión civil contractual de los sujetos de derecho, ha de interpretarse, por una parte, como esencialmente falible y, por la otra, perfectible en orden al acrecentamiento de la justicia y de la libertad, según el criterio iusfilosófico de un Derecho Natural Racional, entendido como la última instancia del tribunal de la Razón (autónoma, o sea, purgada de secuelas supersticiosas1).
Consciente de la falibilidad y obediente al imperativo ético del perfeccionamiento moral del género humano, se debate hoy en el Congreso de la Nación una nueva ley de matrimonio, que intenta purgar, una vez más, al Estado de Derecho de las secuelas supersticiosas de la coacción y de los idiotismos sociocéntricos de un Estado todavía teocrático y patriarcal. Antaño, el matrimonio, como es sabido, era un privilegio que tenían solamente, los que profesaban ciertas creencias confesionales, y los que tenían otras opiniones y creencias supersticiosas o eran definitivamente ateos, veían dificultado el ejercicio de los derechos patrimoniales, a los que habilita el Derecho de Familia. Fue la Revolución Francesa la que reivindicó la usurpación que significaba que el nacimiento, la educación, el matrimonio y la muerte fueran detentados por instituciones que tuvieran en su fundamento creencias particulares confesionales, y no la universalidad iusfilosófica del Derecho Natural Racional, que es el fundamento último del Estado de Derecho, a diferencia de los Estados más o menos teocráticos. En la estela de su herencia y en orden al perfeccionamiento moral, todos los Estados modernos han vuelto civiles, es decir, laicas aquellas instituciones usurpadas por la teocracia.
El bochinche y un clamor reaccionario (que confunden la naturaleza moral del Hombre con una supuesta “naturaleza” oriunda de un biologismo patriarcal y homofóbico), han sido la respuesta frente al proyecto de ley de matrimonio que reconoce a los seres humanos del mismo sexo la plenitud de sus derechos civiles hasta hoy injustamente cercenados. El fundamento último del proyecto es el principio de la universalidad y de la igualdad ante la Ley. Un Estado de facto que se pretenda de iure (fundado en el Derecho Natural Racional), no puede ni legalizar ni legitimar privilegios para algunos, sino sólo derechos universales para todos, a partir de los cuales extrae su justificación iusfilosófica. Por eso, el matrimonio, que debe ser entendido sólo como el contrato oriundo de la voluntad de los sujetos de derecho, no puede seguir siendo un privilegio de algunos y no el derecho de todos.
Los Derechos del Hombre y del Ciudadano son las normas (ex parte populi), que el Estado debe reconocer y garantizar a la Sociedad Civil para no transformarse en un mero aparato coactivo de opresión social y política. Entre ellos se encuentra el de celebrar el contrato matrimonial, conforme al principio único de que volenti non fit iniuria. Así pues, conforme a estos principios del Derecho Natural Racional, los objetores de la reformulación de la Ley de Matrimonio debieran responder, por lo menos, a cuatro cuestiones.
¿Los homosexuales deben o no ser reconocidos por el Estado de Derecho como Hombres, es decir, seres humanos? Si los supersticiosos pretenden negarle los Derechos Humanos, corren con la carga de la prueba. Como los nazis, tendrán que considerarlos Untermenschen, seres excluidos de la Humanidad: subhumanos, infrahumanos, degenerados, inmorales, enfermos, anormales, amorales, criminales, delincuentes, etc., o, desenmascarándose y mostrando el verdadero argumento supersticioso teocrático, pecadores…
¿Los homosexuales deben o no ser reconocidos por el Estado de Derecho como Ciudadanos, es decir, sujetos plenos de derecho, sujetos plenos de la ciudadanía, ciudadanos con iguales derechos políticos y civiles? Si los supersticiosos pretenden negarle los Derechos Civiles, corren también con la carga de la prueba. Tendrán que podernos explicar, por qué serían súbditos o ciudadanos pasivos o “metecos” o seres menoscabados que no participan y no son miembros del Contrato Social y están excluidos de la Sociedad Civil; en una palabra, cuál sería el fundamento racional y no supersticioso para negarles o para suspenderles la ciudadanía.
También tendrán que explicar a qué llaman naturaleza, en el sentido de la naturaleza humana. Como se sabe, los supersticiosos homofóbicos suelen recurrir a una inconsistente metafísica biologista, la misma que pretendía justificar que “los indios no tenían alma”; la misma que por siglos justificó el racismo que les negó a los negros la libertad, la humanidad y la ciudadanía; la misma que prohibía “los matrimonios mixtos”; la misma que todavía hoy cercena los derechos de las mujeres, de acuerdo, por ejemplo, a los irracionales argumentos misóginos y sexistas que expone San Pablo en la Epístola a los Corintios (11; y Cf. también I Timoteo 2). Tendrán pues que mejorar sus argumentos empiristas y sus falacias naturalistas. Desde Platón, en cambio, se sostiene que la naturaleza humana reside exclusivamente en la razón y la libertad, y que las diferencias corporales son del orden del accidente, de modo que, por ejemplo, las mujeres no pueden ser discriminadas ni sometidas irracionalmente a los machos, como lo hacen todas las supersticiones.
En fin, tendrán que manifestar abiertamente, si apoyan al Estado de Derecho, basado sólo en normas formales y procedimentales; o, por el contrario, si apoyan a un Estado paternalista que impone coactivamente formas de vida concretas, negando así el principio de silentium legis de la Libertad Negativa, según el cual “las acciones privadas de los hombres” se sustraen al poder estatal.
1 Llámase superstición a la creencia irracional en seres preternaturales y en las ideas y creencias derivadas de aquélla.


Señor Gustavo Lambruschini:
Deseo que se ponga en contacto conmigo para solicitarle/acordar una entrevista periodística. Soy de La Pampa y estaré en Paraná del 14 al 16 de agosto.
Cordialmente.
Lenny