Recibo de unos colegas mexicanos la noticia de la muerte de Monsiváis y (como para instigar a su lectura) reenvío…
Por otro lado, hace unos días algunos se apenaban (nos apenábamos) por la muerte de José Saramago. Resalto, entonces, que si de literatos se trata también falleció –hará unas dos semanas– Juan Carlos Bustriazo Ortiz, tal vez el más maravilloso poeta argentino vivo.
Seguramente muy pocos han siquiera oído hablar de él. Se puede ver un excelente reportaje, que incluye fotos y algún video donde este pampeano aparece leyéndose a si mismo, haciendo clic en el siguiente enlace: http://www.revistalamasmedula.com.ar/nro2/nota5.htm.
Para terminar de presentarlo (y a manera de dato freak, o de nueva instigación) quiero comentar que JCBO pasó 5 años en un manicomio, espacio en el cual también se pretendió silenciar a Jacobo Fijman, Miguel Ángel Bustos, Tilo Wenner, Antonin Artaud y otros escritores determinados a ser poetas durante las 48 horas del día.
17, Instituto de Estudios Críticos
Espacio de escritura situado en el cruce de la universidad, la cultura no académica y el psicoanálisis
Carlos Monsiváis, los adioses
17, Instituto de Estudios Críticos se suma a los adioses de Carlos Monsiváis. Lo recordamos con mucho afecto, inquieto por algún retraso en su arribo a hablar, despeinado, siempre afiladita su lengua, pletórico de bonhomía, siempre improbablemente dispuesto, irónico e inventor… ¿Podremos responder por su legado con el mismo ingenio y la misma generosidad que nos supo prodigar? Carlos Monsiváis abrió nuestro primer encuentro (Ateologías, 2001) y más recientemente nos brindó un texto sobre los tráficos, que tendremos ocasión de publicar íntegramente. Aquí uno de sus fragmentos:
De narcocorridos y otros funerales
Los autores de los corridos de la Revolución, se formaron en la rima y la acústica del romanticismo, y poseían cierto don metafórico; los compositores y letristas de los narcocorridos no suelen disponer de los mínimos requerimientos técnicos, no pretenden la rima y más o menos las metáforas les tienen sin cuidado. Lo sepan o no, su perspectiva es sociológica, nada de:
Despedida no les doy,
porque no la traigo aquí,
se la dejé al Santo Niño
y al Señor de Mapimí
Se la dejé al Santo Niño
pa que te acuerdes de mí.
En los narcocorridos, la despedidera, tan esencial en el género, es un lugar común que rastrea en la poesía popular el sitio de los epitafios vanidosos. El narco quiere un lugar en el infierno:
Cuando me muera no quiero
llevarme un puño de tierra,
échenme un puño de polvo
y una caja de botellas,
pero que sean de Buchanan’s
y el polvito que sea de reina…
Cuando esté en el más allá
procuraré a mis amigos,
para invitarles a todos
un agradable suspiro,
y haremos una pachanga
pa que nos cante Chalino.


gracias marcelo popr recordar a Juan Carlos Bustriazo cotteraneo mio y un gran amigo desde hace mas de cuarenbta años.