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Opinión del Bicentenario en Página/12

may30
2010
Written by Horacio Robustelli

Por Ricardo Forster

1

Los días argentinos no dejan de sorprendernos. Lo esperado y el azar se entrelazaron para devolvernos la imagen de una historia abierta, compleja, laberíntica, tumultuosa y aluvional. De a centenares de miles, viniendo de todas partes, cruzando las fronteras que separan la ciudad de los suburbios, subiéndose a colectivos y trenes, a subtes y autos o simplemente caminando para apurar las cuadras que los separaban de un centro que, por cuatro días de una intensidad increíble, se reencontró con su pasado mítico, con sus leyendas de arrabales tangueros y de marchas obreras, la multitud invisible se transformó en el pueblo del Bicentenario.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146644-2010-05-30.html

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7 Comments

  1. Andrés Borgetto's Gravatar Andrés Borgetto
    30/05/2010 at 6:07 pm | Permalink

    Sí, los leí temprano… Lo de Forster es entendible, por el lugar que está ocupando como intelectual en la lógica K. El de Grüner tiene tramos interesantes. Sobre todo el final. De Kollman no me interesa nada.
    Es importante abrir un debate sobre los festejos… ¿Recomposición del kirchnerismo después del bolonqui del 2008? ¿Nueva alianza de clases en vistas al 2011? ¿Apoyo al gobierno “nacional y popular” más pagador de la deuda externa?
    Gracias por el envío.
    Saludos

  2. Luis Lafferriere's Gravatar Luis Lafferriere
    30/05/2010 at 6:09 pm | Permalink

    Estimadas y estimados, no soy filósofo, tampoco un intelectual de renombre, y en realidad escribo como un simple y común ciudadano de a pie.

    Pero humildemente, no puedo aceptar las conclusiones forzadas y las apologías kirchneristas que pretender hacernos comer los renombrados intelectuales del establishment K. Porque creo que callar ante semejantes y sesudas conclusiones no sería honesto conmigo mismo ni cumpliría con la obligación de criticar las injusticias. En este caso, las falaces ponderaciones de un gobierno que gobierna para los más poderosos, y que continúa en lo esencial con el nefasto neoliberalismo dependiente que impulsan los sectores dominantes en la Argentina.

    Pretender trasladar el éxito de las fiestas y la notable asistencia que se evidenció en los últimos días con motivo de la recordación del bicentenario, a una manifestación de apoyo al gobierno K y como un resultado del éxito de su gestión, es una deformación de la realidad. Tan absurda como la comparación del 25 de mayo de 1810 con el 25 de mayo del 2003, cuando asumió el actual presidente de facto la conducción del ejecutivo nacional. Es como si alguien pretendiera decir que el festejo del pueblo argentino cuando la selección se clasificó campeona mundial fútbol en 1978, era en apoyo al gobierno genocida de la dictadura militar.

    Por otro lado, aceptar que el entusiasmo popular en los festejos del 25 de mayo reflejó una alegría con el escenario que se abrió en la Argentina con el matrimonio K, es como decir que el pueblo festeja la continuidad agigantada de la entrega de nuestros recursos naturales, de la depredación de nuestro ambiente, de la enorme pobreza reinante, de la notoria y cada vez mayor desigualdad distributiva. O como decir que el pueblo está de acuerdo con la falta de soluciones a numerosos y legítimos reclamos populares por una vida digna. Sería aceptar que la gente está contenta con la falta de viviendas para millones, con la expulsión de los campesinos de sus tierras, con la crisis del sistema educativo. Sería como aceptar que al pueblo no le preocupa la corrupción que reina en muchas áreas del Estado que permite el enriquecimiento ilícito de muy funcionarios, o no le preocupa que se siga pagando religiosamente a costa del hambre y la enfermedad de millones de argentinos, una deuda que es inexistente, ilegítima y fraudulenta.

    En todo caso, lo que se me ocurre pensar, es que la magnitud de los festejos y el gasto sideral en que se incurrió, tenía como objetivo de fondo ocultar los graves problemas actuales, y la continuidad brutal del saqueo y la concentración que se viene dando en nuestro país.

    Como supongo que quien nos envió esos artículos lo hizo con ánimo de aportar al debate, quería sumarme al mismo y contribuir con estas reflexiones. Cordialmente.

  3. Marcelo DAmico's Gravatar Marcelo DAmico
    30/05/2010 at 11:35 pm | Permalink

    Simplemente quería repetir algunas cosas que dije cuando recibí algo de Agdu que el Contador Lafferriere comentó brevemente. Sería muy interesante que podamos colectivamente realizar algún debate en torno: al funcionamiento de nuestra obra social, cuya cobertura cada día es más deficientes cosa incomprensible cuando la población es muy joven comparada con otras O S; de los problemas salariales, las condiciones laborales, la circulación de la información, en fin.

    No quiero decir nada del bicentenario, se cae de maduro problemas estructurales que van más allá de los K: corrupción, pobreza, redistribución, no creo que ellos sólamente gobiernen para poderes concentrados, sectores de poder transnacional, los legisladores en general responden a intereses que no tienen nada que ver con el pueblo (más allá de los partidos), desde que comenzó el proceso de privatización y ajuste del Estado en la era democrática (desde 1983) hubo un notable retroceso en cumplir con los sueños de millones de argentinos que pensamos que la democracia iba a darnos ciertas cosas que estaban ausentes. De todos modos soy un convencido que hay una notable diferencia entre la democracia, aunque la misma sea renga, debil, etc. frente al terror, no es este un gobierno de facto de N K, es preciso cuidar las palabras en tal sentido, sin duda que tiene una importante injerencia en el gobierno, pero la construcción hegemónica va mucho más allá de él. Sólamente quiero decir que es penoso que durante más de 25 años de democracia haya sólo un partido, un sector político que puede terminar sus mandatos, eso es algo que llama la atención: será que el PJ no sabe, no le interesa la democracia cuando está en la oposición, será que no respeta (se caga -como dicen en mi barrio) en las instituciones o tenemos que creer que son los únicos que saben gobernar? Cómo puede ser que en Santa Fe, con mayoría en el Senado el PJ, un partido nacional y popular!! no le deje al gobernador cobrar impuesto a las empresas que se llevan las ganancias más grandes!!!. Hay una cosa que realmente me preocupa -más allá de los Cobos y demás impresentables de la oposición- muchos empezamos a pensar que hay después de un eventual pos K, y no dejo de sentir miedo, no porque les crea a los K, sino que no puedo imaginar o mejor dicho me puedo imaginar un gobierno donde haya una alianza conservadora entre los terratienientes, los PJ disidentes (Duhalde, De Narvaes, Macri, Reuntemann, Sola) y vaya a saber que otra alianza interclase, esos nombres que me remiten a los ’90, al ajuste, a un régimen que no difiere demasiado de lo actual, pero que sin dudas es abiertamente neoliberal, que no se ocupa de lo social (le llama gasto) que posterga y desprecia a las universidades, la ciencia y a los intelectuales. No me preocupa que haya intelectuales K, uno puede disentir, también en la época del alfonsinismo hubo notables intelectuales muchos de los fundadores de la nueva izquierda que seguramente decepcionaron a varios seguidores como puede suceder hoy con los Laklau (antes Laclau), los Gonzalez, los Foster, etc. es auspicioso el debate, la existencia de la confrontación intelectual (aunque lamento que muchas veces no exista y o se dirima con sillas o persecuciones políticas), todos los gobiernos tienen sus intelectuales aunque no es lo mismo Jorge Asís que Horacio González no? Ni tampoco es lo mismo Trosky y Lenin que Moreno y Aníbal Fernández, hay cosas despreciables en el clan K, pero la verdad es que si bien no son la revolución tampoco son los mismo que el menemismo. Es preciso razonar acerca de los niveles de corrupción, el clientelismo político, los derechos humanos más allá de los juicios, los recursos naturales. No creo que sea correcto rechazar en bloque, pero tampoco es preciso comprar las fantasías sociales que construyen el gobierno vía Moreno y un crecimiento que venden que no se condice con la realidad de los trabajadores. El relativismo es una cosa que también tenemos que poner en contraste y observarlo en las prácticas, digo esto porque en los ’90 desde la universidad muchos se rasgaban las vestiduras frente a la reelección del riojano y votaban muy abiertamente la reelección indefinida del rector y los decanos en una lamentable reforma del estatuto, que no hace mucho se volvió a cambiar. Esto lo digo porque la crítica del autoritarismo K, a veces es leve frente a los atropellos, prácticas y demás cuestiones de la universidad.

  4. Luis Lafferriere's Gravatar Luis Lafferriere
    31/05/2010 at 12:04 am | Permalink

    Aclarando, por las dudas

    Un comunicador amigo repetía siempre que uno debe hacerse responsable no sólo de lo que dice, sino de lo que le entienden por lo que dice. Y en este caso, asumo que si Marcelo expresa algunas cosas que yo no dije, es porque habré sido confuso. Por eso quiero aclarar, para no debatir sin necesidad por opiniones no vertidas.

    Primer tema: ¿Cuándo surgieron los graves problemas de la Argentina actual, y para quiénes gobiernan los K? Como lo he reafirmado en un montón de oportunidades, mi primera aclaración es que ‘la cuestión argentina’ no constituye sólo un problema coyuntural, ni pasa por si estamos o no con el matrimonio K. El problema fundamental pasa por ser una sociedad capitalista dependiente que viene sufriendo en los últimos 35 años la aplicación sistemática de un proyecto que rompió las bases de funcionamiento del modelo ISI y produjo cambios importantes en la estructura económica, política y social de la Argentina. Ese proyecto dominante agravó muchas de las características estructurales que tenía una sociedad de ese tipo, y profundizó los grandes males que hoy padecemos. Por lo que una primera aclaración que hago es que nunca afirmé que la situación actual es el resultado sólo del gobierno kirchnerista. Lo que sí afirmo, es que el kirchnerismo ha mantenido en lo esencial al proyecto de concentración, saqueo y genocidio iniciado hacia mediados de los años ’70, y continuado durante los años que llevamos de democracia. En lo esencial significa (para mi análisis al menos) que se mantiene la concentración (aunque a mucho mayor escala que antes), se ha profundizado la extranjerización de la economía (como nunca antes), la pobreza alcanza niveles inéditos en cualquier período que tomemos en comparación del siglo XX, la desigual distribución del ingreso y la riqueza es récord respecto a la existente antes de la crisis del 2001-2002, todo el andamiaje jurídico que renuncia a nuestra soberanía frente a los tribunales del imperio se mantiene intacto, se mantiene intacta la legislación colonial de la megaminería, se ha hecho más gravosa, entreguista y dependiente la legislación petrolera y gasífera que beneficia a las transnacionales extranjeras, se expandió el modelo neocolonial de monoproducción de soja transgénica, se pagó más que nunca por una deuda ilegal y fraudulenta a los acreedores y a los organismos financieros internacionales cómplices de la entrega, se mantienen a cifras inigualables los subsidios a los grandes grupos empresariales, y además de todo eso, se siguen robando los recursos que corresponden legítimamente a los jubilados y a las provincias, todo ello para beneficiar a los sectores más poderosos y privilegiados del país y sus mandantes externos. Otra característica de la continuidad esencial es el mantenimiento de una práctica de corrupción que beneficia a los amigos del poder político, que se concentran en altos funcionarios que se enriquecen en sus patrimonios personales a partir de permitir ese saqueo gigantesco de las riquezas de los argentinos.

    Segundo tema: por la afirmación que hice en un párrafo, sobre el ‘presidente de facto’ al referirme a Néstor Kirchner. De ninguna manera considero que esta democracia sea lo mismo que la dictadura. Nunca dije eso ni lo pensé, ni lo dí a entender. Lo que sí afirmé es la continuidad esencial del proyecto dominante, como lo aclaro en el párrafo anterior. Y cuando menciono, en tono irónico, al actual presidente de facto, lo que quiero decir (por si no se entendió) es que Néstor Kirchner, desde que dejó la presidencia de la nación, viene tomando decisiones estratégicas e incidiendo con sus decisiones, en la marcha de la política oficial del gobierno nacional. Esto no es un invento mío, sino que lo reconoce cualquier argentino, empezando por los propios kirchneristas. Incluso más, él mismo fue protagonista de uso discrecional de los bienes del Estado y hasta entregó en actos públicos subsidios a gobernadores e intendentes obsecuentes. Es innegable que fue él quien llevó adelante la estrategia oficial cuando se produjo el conflicto del 2008 con las entidades rurales. Por eso no creo que sea descabellado hacer esa referencia irónica, y por otro lado no creo que eso signifique que esté denigrando a la democracia. Todo lo contrario, quienes denigran a la democracia y le hacen un daño fenomenal son quienes actúan de esa manera, violentando la constitución y las instituciones.

    Tercer tema: sobre los K, lo que hubo y el temor de lo que puede venir… y la preocupación por los intelectuales K. Creo que la existencia de intelectuales orgánicos que trabajan para legitimar al poder (político o económico) no es el centro de mi preocupación, sí a veces el centro de mis críticas. En este caso puntual de los kooptados por el kirchnerismo, porque intentan legitimar desde una postura supuestamente progresista, al proyecto dominante y a la continuidad esencial de su política, como ya comenté antes. En relación a la supuestas diferencias con el menemismo, me remito a la continuidad esencial, además de señalar que la gran mayoría de quienes nos gobernaron desde el año 2003 acompañaron y participaron del gobierno justicialista de Carlos Saúl durante los años ’90. Ello no signica la existencia de algunos cambios cosméticos que están a tono, obviamente, con los cambios que se dieron en la sociedad argentina con la crisis del 2001/2002 y la fuerte movilización que puso en cuestión el rol de la partidocracia en la Argentina de las últimas décadas. Esas dos cuestiones (de los intelectuales a favor del poder, y de las similitudes esenciales del menemismo con los K) se pueden profundizar. Pero quiero referirme a la última cuestión que se esboza en las opiniones de Marcelo, sobre el temor por lo que pueda venir, a tono con lo que afirman muchos kirchneristas cuando critican muchas de sus políticas antipopulares y entreguistas. Me recuerda también el fantasma que se agitaba en los ’80 durante el gobierno de Alfonsín, sintetizado en el fantasma del peligro del retorno de los militares cuando se hacía alguna crítica a las políticas de entonces. Considero que se trata de una postura profundamente reaccionaria y autoritaria, que no ayuda para nada a avanzar en la profundización de la democracia y la participación, sino que en todo caso contribuye a mantener incólume las bases esenciales del proyecto dominante. Una cosa es la crítica de ciertos sectores ultramontanos al discurso progre del kirchnerismo, y otra cosa es criticar los graves efectos que la política real y concreta provoca sobre los sectores populares en la Argentina. En especial, no se puede pretender que frente a la compleja y difícil situación actual, donde se mantiene la misma política esencial del modelo que impone el proyecto dominante, nos callemos por temor a lo que pueda venir. Es decir, aceptar el posibilismo y dejar de tener una visión crítica, por el temor a que las cosas puedan empeorar. Justamente, si frente a los horrores que genera una política antipopular y antinacional vestida con una camiseta progresista, nos quedáramos callados, los únicos críticos en este juego pendular (siempre dentro del proyecto dominante) serían los retrógrados más reaccionarios, que a la larga aparecerían como la única opción frente al desgaste del kirchnerismo. Por eso considero más necesario que nunca marcar bien las diferencias entre lo que debería ser un gobierno popular en serio y lo que es uno que sólo declama pero gobierno a favor de los más poderosos.

    Bueno, por ahora eso. Y celebro el debate que siempre ayuda a esclarecernos.

  5. Marcelo Mangiante's Gravatar Marcelo Mangiante
    31/05/2010 at 4:36 pm | Permalink

    Para el debate:
    ¿El cambio climático contribuye al clima destituyente?, ¿es funcional a la derecha?
    ¿El cambio es destituyente?
    ¿La revocatoria de mandatos es destituyente?
    ¿”Que se vayan todos” no es destituyente?
    ¿”Todo se pierde, nada se transforma” es una ley de termodinámica o del congreso?
    ¿Ocupar la presidencia de la nación y 60 % de las gobernaciones del país es ser víctima de un complot?
    ¿La identidad recuperada de un centenar de nietos pesa más que la identidad extraida a millones de personas expulsadas de miles de pueblos y ciudades de 15 provincias por el saqueo identitario, la bio-alienación mega-minera?
    ¿Vender patria es constituyente o restituyente o instituyente o algo, o no es nada?, ¿y regalarla?

  6. Fernando Baffico's Gravatar Fernando Baffico
    05/06/2010 at 9:26 pm | Permalink

    Estimad@s les acerco la mirada de Alejandro Horowicz sobre los festejos del Bicentenario. Saludos

    La dinámica plebeya rehízo el horizonte político

    ¿Como entender a millones apretujados cerca del Obelisco porteño? ¿Qué festejaron mientras el grupo Fuerza Bruta escenificaba momentos fortísimos de la historia nacional? ¿De dónde sale esa vibrante vitalidad bullanguera que sacudió la Capital como muy pocas veces? ¿Cómo empalma con la reapertura del Teatro Colón? ¿Y que tiene que ver con la política esta serie de preguntas encadenadas?
    Respetemos el orden. Cuando millones se lanzan a la calle, pasan dos cosas en el contradictorio sentimiento colectivo: una cierta perplejidad -contado esto desde la inocencia- se apodera de los que no participan; un vínculo se establece entre los caminantes. La perplejidad abre paso a la observación televisiva -ver lo que otros hacen- y en ese punto cada cual elige si la TV es todo su menú o si la calle tiene lugar para otro invitado. En suma, a diferencia de cualquier programa tradicional, la inclusión en una experiencia directa resultó el polo más dinámico; experiencia posible porque la calle perdió ese aspecto amenazante, para volverse ampliación del espacio personal. El pacto de convivencia pacífica recobra potencia unitiva, el lazo social gana elasticidad, la fiesta es posible.
    Esta es la primera aproximación. Una sociedad conmocionada por su trágica historia reciente, encuentra un motivo de fiesta: sentirse viva y potente, esto es, la posibilidad de un futuro menos abrumador. No se trata de un deseo insensato, sino de una constatación fáctica: no solo la distancia entre el fondo del pozo del 2001 y la situación actual existe, además otras sociedades erigidas como modelo deseable y deseado se hunden a la vista de todos. La película griega la sufrimos demasiadas veces, y no tener que volver a soportar la española aporta no poco optimismo. La calle festejó, la calle festeja, que el horizonte del Bicentenario difiere de las condiciones de ingreso al milenio. Un nuevo rumbo colectivo parece posible.
    Claro que la multitud no se congregó de cualquier modo. Diqui James sostiene: “Señoras y señores todo lo que sucede aquí es real. Tan real como su perro. No hay decorados. No hay convenciones teatrales. Todo tiene un rol en la acción. Prepárese”. El director de Fuerza Bruta sabe de qué habla. No solo dirigió Organización Negra y De la Guarda, lo que no es poco decir, sino que a la cabeza de 2000 actores -mas o menos improvisados- y una férrea disciplina de vanguardia, conquistó su público mediante una conjunción imbatible: calidad e impacto. Es decir, no se trató de una visión monocorde de la historia nacional, lo que no supone asepsia política, sino una fiesta de la diferencia. Militares sometidos a las indicaciones del notable director argentino, mezclados con actores variopintos, con la fuerza de un carnaval delirante, materializaron una historia nacional a medio digerir. La sociedad vio desfilando por sus calles el temario del drama argentino a medio pensar. Todo mezclado con felices escenas fundacionales. La evitable explosión del 2001 requirió de la victoriosa estrategia del genial San Martín, y la golpeada industria nacional contó con el éxito mundial del tango. Esta es la segunda aproximación, el bicentenario abrió otra posibilidad de elaboración colectiva. No se trata de ignorar las llagas, a condición de no reducirlo todo a catástrofe.
    Una suerte de extremismo mediático nos contó que la distancia entre Auschwitz y Buenos Aires era mínima. Toda clase de amenazantes desgracias, amamantadas desde el gobierno, pondrían en peligro las instituciones. Tanto que los obispos, en cadena nacional, reclamaron por su sacrosanta independencia. Sorprendente, habida cuenta que en las oportunidades donde las instituciones estuvieron muertas y enterradas, como en el 76, callaron. Eso no es todo, pocas veces una exigencia tan repetida goza de tan buena salud. Casi nadie cree que el Congreso responde al ukase presidencial. Casi nadie cree que la Suprema Corte se allana a los deseos de Balcarce 50, y los decretos de necesidad y urgencia -por primera vez limitados- muestran que el conflicto de poderes contiene la vitalidad de las instituciones. La política no es otra cosa que procesar conflictos. Por tanto, comparar estas instituciones con las del Centenario suena a humorada salvaje.
    Recordemos, en 1910, desde la proclamación de la Constitución del 53, nunca se había votado libremente. Ni una sola vez el presidente surgió del plebiscito popular. Por tanto, la división de poderes solo existía en el papel, ya que el Congreso se elegía a dedo, al igual que los integrantes de la judicatura y las demás autoridades. El unicato era la fórmula consagrada.
    Esto no impide que Martín Lousteau escriba en Clarín: “En los tiempos del Centenario, el ingreso por habitante argentino era el octavo del planeta y equivalía al 70% del de los EE. UU.; hoy ocupamos el lugar número 45° de dicho escalafón y el PBI per cápita es apenas un tercio del estadounidense. Resulta claro que en materia de desempeño económico los últimos cien años han estado marcados por un deterioro relativo”.
    Los datos son exactos, la explicación equívoca. El valor de ese producto estaba impulsado por el precio internacional de las materias primas. Derrumbados los precios, se derrumbó el PBI per cápita. No era esa la diferencia con el PBI de los Estados Unidos. Es cierto que allí también exportaban materias primas, mientras aquí solo se exportaban materias primas. Y la crisis del 30 nos recordó que Dios solo es argentino a veces.
    Esa visión estática del Centenario tiene marcas de clase. Esta clase de visión puede sintetizarse arquitectónicamente: el edificio del Banco Nación o el Teatro Colón. Ambos, recuerdan el monumentalismo ornamental, la sustitución de la sociedad por una élite millonaria, confundir fasto con riqueza. Pese a las variaciones del mundo, esa perspectiva permanece. No en vano Mauricio Macri festeja el Bicentenario en el Colon. Por cierto, su lista de invitados, de glamorosos apellidos medíaticos, difiere de los que concurrieron a la cena con la Infanta Isabel. Alfredo Martínez de Hoz está preso, y sus parientes y amigos compiten ahora, sin demasiado éxito, con Mirta Legrand y Susana Giménez.
    Y la TV comprendió: postales opuestas: un recuadro mostraba el Colon, el resto la bullanguera fiesta del monstruo. 2.700 invitados que van a ver ballet solo si Macri invita, un programa musical ñoño, chocaron con la Argentina plebeya y vanguardista. Lo obvio, de un lado; lo novedoso, del otro. La fiesta menemista y el jolgorio popular coexistieron, coexisten, se trata de saber cual terminara primando.

    Nada volverá a ser exactamente igual, por eso todos tratan de adivinar lo mismo: ¿a quién favorece este inesperado cambio? La respuesta es obvia: a la sociedad. La fuerza política que sintonice con la nueva tendencia, esa es mi hipótesis, arrasará. Los encuestadores, como representantes de los dioses en la tierra, intentan develar la incógnita. Temo que no es tan sencillo. Este descomunal desenfado colectivo muestra nuevas potencialidades; es decir, nuevas posibilidades. Y esa subterránea riqueza suele expresarse en nuevos actores o la transformación de los existentes. De lo contrario, todo sería una magnífica ilusión que el talento de James nos insuflara, un acto de prestidigitación sin antecedentes. Creo que no hay demasiadas razones para tanto pesimismo militante.

  7. maria peloc's Gravatar maria peloc
    27/09/2010 at 6:05 pm | Permalink

    esto esta super aburrido…………………..!!

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