Tradicionalmente, la visión liberal del pasado argentino, fundada por Bartolomé Mitre, divulgó que la revolución de mayo fue el acontecimiento que liberó del sojuzgamiento español a una “Argentina preexistente”. En estas jornadas, actuó un grupo de hombres decididos e ilustrados, que “sin derramar una gota de sangre” enfrentaron al virrey, fundando la nación argentina y conquistando “la independencia”. Esta es una historia lineal, donde se ocultan las contradicciones del proceso histórico, porque lo que interesa es la exaltación de algunos “héroes del panteón”, de todo un linaje que integra la oligarquía vencedora que participó de las grandes “gestas nacionales”: la Revolución de Mayo, la derrota de Rosas en Caseros y la fundación en 1880 del Estado nacional. Hoy, aunque parezca anacrónico, hay interesados divulgadores de esta visión de la historia, la nueva “Historia Argentina” editada por el Grupo Clarín es un claro ejemplo.
Pero, a mediados del siglo XX, cuando la “patria oligárquica” y sus mitos estaban desacreditados, surge otra visión del pasado argentino que se autodenominará revisionista. Según esta visión, las elites enaltecidas por los liberales “malograron” la revolución porque desplazaron a las masas populares de los acontecimientos de mayo y luego se subordinaron a Gran Bretaña. Contra el linaje liberal, enaltecerán la figura de Rosas, uno de los mayores estancieros de la época, al plantear que bajo su gobierno se expresaron las “aspiraciones??

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