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Salió en La Politica Online

jun20
2009
Written by Horacio Robustelli

Subsidios en el Conicet y la Agencia de Promoción Científica

Una denuncia de corrupción golpea a Barañao y el mundo científico

Un investigador del Conicet denuncia la manipulación de subsidios entre la Agencia de Promoción Científica, que presidía el hoy ministro, y ese centro científico. Entre ambas cúpulas se distribuyeron, a dedo, cerca de 650 millones en 10 años. En exclusiva, las cartas a Kirchner y todas las denuncias. Habla el denunciante con LPO y entrega los detalles del caso.
Por Nicolás Fiorentino | 19.06.2009

Un círculo perfecto. Eso armaron, según la denuncia de un investigador del Conicet que, entre las autoridades de ese centro de investigación y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que presidía hasta asumir como ministro Lino Barañao, entre funcionarios de ambas entidades y otras más del mundo científico.

El plan era para beneficiarse durante años con una red de subsidios manejados a dedo. Lo que el propio denunciante llamó “El Círculo de Corrupción en Ciencia y Técnica” o la “Cadena de Felicidad de la Ciencia Argentina”.

El responsable de esta denuncia es Eduardo Saguier, un investigador del Conicet con muchos años de carrera, quien desde hace tiempo camina distintos despachos con la información sin que nadie profundice el asunto. La información, es el listado de funcionarios integrantes o ligados a las cúpulas del mundo científico con las cifras que recibieron en subsidios. Los subsidios que ellos mismos debían controlar y adjudicar.

La denuncia de Saguier es clara. Según explica, en diez años -desde 1997 al 2007- se repartieron de forma irregular 650 millones de pesos –enviados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- en subsidios para incentivos y promoción científica, los cuáles fueron entregados y repartidos mediante acuerdos entre las mismas autoridades responsables de la entrega. Y destaca que “los subsidios se engrosaron notablemente desde 2003 en adelante”.

“En la Agencia Nacional para la Promoción Científico-Tecnológica, dependiente de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación (SECYT), presidida entonces por Barañao, los Coordinadores de Área Jorge Jorrat, Marcelo Cabada, Eduardo Arzt, y Jaime Cerda, se adjudicaron a sí mismos sendos subsidios”, denuncia.

Saguier, de 66 años y con estudios y doctorado en Estados Unidos, posee listas de beneficiarios –a las que accedió La Política Online- que incluyen a “60 miembros de las comisiones asesoras del Conicet”, con subsidios en el orden de los 210.000 pesos –“siete percibieron la suma de $2.846.105, a un promedio de $406.586 cada uno”, aclara-; 3 miembros del directorio del Conicet; 8 coordinadores de la Agencia percibieron $3.662.000, a un promedio de $457.750 per cápita; otors 42 a un promedio de $210.000; en la Coneau (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria), dos miembros de su Directorio (Villanueva y Krotsch) percibieron de la Agencia la suma de $275.354, a un promedio de $138.000 c/u; en las secretarías de Ciencia y Técnica de 6 Universidades Nacionales (Tucumán, Córdoba, Rosario, Sur, MdP, UBA), sus respectivos Secretarios percibieron subsidios de la Agencia. Y la cuenta sigue, afectando a otras entidades también –ver archivo adjunto “Las listas completas”-.

En un texto donde responde a esta denuncia, el propio Barañao admite que coordinadores de la Agencia cobran subsidios y hasta nombra el “potencial conflicto de intereses” que puede provocar este asunto. “La opción actual es la que se ha considerado más conveniente para optimizar la función fundamental de la Agencia que es asignar fondos sobre la base de la calidad y pertinencia de los proyectos. El prohibir la presentación de proyectos a los coordinadores implicaría entonces una limitación altamente significativa en la idoneidad de los recursos humanos involucrados en el proceso de evaluación con la considerable pérdida de calidad en dicho proceso”, afirma el ministro elegido por Cristina Kirchner.

La incompatibilidad de estos beneficios reside en que todas las entidades y funcionarios que integran este círculo de beneficencia están estrechamente ligados entre sí. Según Saguier, con lo admitido por Barañao, “se viola el artículo 13 de la Ley de Ética Pública”.

Por citar sólo un caso: La Agencia supervisa “las categorizaciones de los incentivos que distribuye la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) –la que distribuye los incentivos a los docentes-investigadores de las Universidades Nacionales y categoriza a los mismos e, indirectamente, las acreditaciones de los programas de Maestría y Doctorado de la CONEAU. Ese vínculo se traduce entre todos los integrantes de esta denuncia. “Son como primos hermanos, más hermanos que primos, pues los une un estrecho aire de familia, dado que percibieron subsidios del mismo padrino-antecesor: la Agencia y el Ministro de Ciencia y Técnica”, explica el denunciante.

La Agencia de Barañao

El origen de la Agencia Nacional para la Promoción Científico-Tecnológica, la cual presidió Barañao de 2003 al 2007 hasta pasar al cargo de ministro de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva, supuestamente obedeció a la necesidad de despojar al Conicet de los fondos con que subsidiaba a sus propios Investigadores de Carrera, so pretexto de que no podía ser juez y parte interesada en la distribución de dichos subsidios. Pero la cosa, en diez años, de desmadró.

Así lo explica el investigador Saguier en uno de sus textos: “Los cargos de Coordinador de Área de la Agencia, siguiendo la Ley del Toma y Daca, preceden, acompañan o sobrevienen al subsidio. Los Coordinadores de Área, cuya responsabilidad es la de asignar los evaluadores de cada proyecto (de identidad confidencial), son designados por el Directorio de la Agencia. La Agencia subsidia a ciertos y determinados Investigadores del CONICET y en reciprocidad el Directorio del CONICET designa a estos coordinadores en sus múltiples Comisiones y mediante su propia Junta de Calificaciones los asciende en la carrera científica”.

En síntesis: según el relato, los directivos del Conicet y la Agencia designaban qué investigadores eran subsidiados y el directorio del centro científico elegía coordinadores de la Agencia, quienes también cobraban subsidios u obtenían ascensos.

“Este plan mafioso tampoco hubiera sido posible sin la complicidad de numerosas autoridades, como todo el staff de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación así como todos los funcionarios de las Secretarías de Ciencia y Técnica de las diferentes Universidades Nacionales”, redondea sin anestesia Saguier. Los Secretarios de Ciencia y Tecnica de las Universidades Nacionales tienen la obligacion de controlar las rendiciones de cuentas de los subsidiados por la Agencia en sus respectivas Universidades. ¿Pero cómo habrán de controlar a estos subsidiados si ellos mismos cobran subsidios?

A su vez, la denuncia habla de la “complicidad” del Comité de Ética en Ciencia y Tecnología (CECTE), donde aparece la incompatibilidad “entre ser candidato a subsidios y detentar un cargo directivo”, explica Saguier.

Subsidios incontrolables

La denuncia de Saguier tiene origen en el transcurso de 2003 en Pol-Cien, una lista de discusión electrónica, integrada por científicos, la mayoría del Conicet y Ciencias Exactas. En ese año, se juntaron firmas para enviarle un escrito al recién electo presidente Néstor Kirchner, pero tras un problema con firmas truchadas -La firma truchada era la de Sergio Shocklender, que su propia secretaria desmintió-, muchos científicos negaron su firma y Saguier terminó redactando y firmando el texto en soledad.

En 2004, sugestivamente, le rechazan su informe bianual como investigador del Conicet, algo que normalmente es un mero trámite. Saguier lo tomó como una intimidación a su investigación paralela por los subsidios en la ciencia. Dos años después le pasó lo mismo, donde se complicó aún más. “Si te rechazan dos informes consecutivos quedás cesante. Ahí fue que me decidí a hacer la denuncia penal”, explicó.

Mientras investigaba, Saguier notó una situación extraña. “Me metía en la página de la Agencia y en ningún lugar publicaban la nómina de beneficiados con subsidios. Por contactos, conseguí una lista y luego uno de los beneficiados, disconforme, me pasó 4 listas más. Empecé a cruzar nombres y descubrí que coordinadores de la Agencia e integrantes del directorio del Conicet y la Coneau cobraban miles de pesos en subsidios”, contó a este medio.

Escribió varias cartas dirigidas a Kirchner –ver aparte-, donde entregaba información detallada de las maniobras que había con los subsidios en la ciencia. En una de ellas, la primera de 2003, explicaba que “cuando se le solicitó al Dr. Barañao que suspendiera el llamado para el otorgamiento de subsidios de investigación -semejantes a sobornos para mantener agradecida, callada y dividida a la comunidad científica- el mencionado funcionario hizo oídos sordos al justo reclamo”.

Allí mismo, le relataba: “Con relación a los subsidios de investigación arriba mencionados, las reglamentaciones del ANPCYT -que figuran en el sitio electrónico respectivo– nada dicen respecto a los límites en el número y reiteración de las presentaciones y en los montos asignados. Han existido los mismos beneficiarios en llamados consecutivos y una extrema desigualdad en los montos distribuidos”.

Obviamente, nunca obtuvo respuestas.

A la espera

La Política Online se puso en contacto con el Ministerio y puso en conocimiento de la publicación de esta denuncia. Desde el área de prensa comentaron que el Departamento de Asuntos Legales trabajaba en un escrito para explicar el caso, el cual iban a entregar esta tarde pero finalmente no llegó.

Por lo pronto, apenas se limitaron a aclarar que “lo que está prohibido es que cobren subsidios miembros del directorio de la Agencia, lo cual no pasó”. Esto fue admitido por el propio denunciante, quien repitió que los que sí cobraron fueron “50 coordinadores de la Agencia”. Sí, en cambio, asegura que cobraron -como se contó líneas arriba- 3 miembros del Directorio del Conicet y 2 de la Coneau.

Sin entenderse bien por qué, en el ministerio subrayaron varias veces que “Saguier ya no es investigador del Conicet” y que “no entregó su último informe”. Cómo si eso le restara valor como denunciante. Por lo pronto, el investigador confirmó a La Política Online que sigue siendo -y cobrando- como investigador del Conicet, que tras rechazarle los informes de 2004 y 2006 -los cuáles están denunciados en la Justicia por posible persecución ideológica- también entregó el del 2008, el cual está en proceso de evaluación.

El reparto de la torta

El portal electrónico de la Agencia indica que los 650 millones del BID fueron asignados a 6.000 Proyectos, insinuando que los subsidiados habrían sido 6000 Investigadores, pero en realidad lo fueron entre 150 funcionarios de la burocracia científico-educativa y 200 Investigadores no funcionarios.

20% (133 millones) fueron a parar 150 funcionarios:

* Coordinadores de la Agencia
* Comisiones Asesoras del CONICET,
* Directoriales de la CONEAU y del CONICET,
* Decanos, Consejeros, Jefes de Departamento, Secretarios de CyT de las Universidades, miembros del CECTE

Una doceava parte de los 133 (11 millones) fueron a parar a 30 funcionarios que repitieron en dos y hasta tres oportunidades su participación en el botín.

De los 520 millones de pesos restantes:

* 43 millones se distribuyeron entre 200 Investigadores no funcionarios, repetidos en dos y hasta tres oportunidades.

* 477 millones se habrían distribuido por una sola vez en 2000 solicitantes de viáticos para jornadas, congresos y mesas redondas, subsidios para revistas, y otra serie de bagatelas nimias, de forma tal que se ocultó la oligopolización de los subsidios en beneficio de una minoría incestuosa de eternos favoritos.

Por lo tanto, de los seis mil (6.000) supuestos subsidiados que anima la estadística oficial exhibida en el Portal de la Agencia, la cifra real de los mismos por nosotros estimada habría disminuido enormemente, y por cierto su índice de concentración habría sido altísimo.

Sin noticias

Según contó Saguier a La Política Online, en la Defensoría del Pueblo ni lo escucharon, en la Oficina Anticorrupción lo único que obtuvo “de un abogado, Andrés Montero”, fue un dictamen donde le niegan el derecho a pedir “pronto despacho”, y en la Fiscalía de Investigaciones Administrativas “se ve que el expediente caminó, me llamaron para ampliar la denuncia”, pero cuando renunció el fiscal Manuel Garrido “todo se terminó”.

Tras todas estas trabas, Saguier terminó donde era obvio: “Indignado hice la denuncia penal”,contó. La misma incluye cargos por: Incompatibilidad en el ejercicio de la función pública, Falta de transparencia, Clandestinidad, Discrecionalidad, Desviación de los fines de la Ley, Falta de rendición de cuentas y Discriminación.

El miércoles pasado estuvo en la ONG Poder Ciudadano, donde le dijeron que “no pueden actuar en la querella”, pero sí “emitir una opinión institucional” donde dejarían su lectura del caso.

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2 Comments

  1. Anónimo's Gravatar Anónimo
    18/07/2009 at 9:49 am | Permalink

    Gran parte de los subsidiados por la Agencia –que segun nuestros
    calculos son 1517– son tambien Investigadores del CONICET. Pero estos
    últimos son en realidad una minoría en el CONICET, pues la totalidad de sus
    Investigadores de Carrera alcanzan algo así como seis mil Investigadores
    que investigan solo con sus respectivos salarios.

    ERS

  2. Joaquin E. Meabe's Gravatar Joaquin E. Meabe
    19/07/2009 at 8:27 pm | Permalink

    La Corrupción y las patologías académicas

    Creo que la cuestión de la corrupción en materia académica es crucial, pero debe colocársela en una perspectiva todo lo más amplia que fuere posible.

    Veo esto así porque aunque la corrupción enerva todo el edificio interactivo siempre será una patología en el trato y en la vida académica, de manera que solo confrontando la vida académica apropiada y correcta con la patología se puede hacer un tipo de balance.

    Ante todo, para saber si existe una comunidad científica se debe determinar si el agregado que forma el cuerpo académico de una facultad o universidad tiene objetivos científicos definidos y si esos objetivos se ajustan a la moralidad académica estándar que se observa en el resto del mundo. Pero no solo hacen falta objetivos, también se impone establecer de que modo se articulan los tratos en el seno del agregado académico. Hace falta ver si existe solidaridad en el agregado o si cada uno se rasca para adentro como se dice en el campo. Por cierto, tampoco eso es suficiente aunque puede resultar necesario para que la sumatoria de personas forme un conglomerado en el que cada miembro del agregado pueda encontrar reciprocidad y buen trato además de interés por parte del resto.

    Todo eso es necesario pero no es suficiente. Una comunidad científica requiere trabajo común y compartido y respeto mutuo. Todo esto no es formal. Se trata de un dispositivo de valores morales positivos muy estrictos que sirve para confrontar el ideal con el caso y para medir la extensión de las patologías.

    Una de las medidas se refiere el trabajo común y compartido. Como este es un ideal, la mayor o menor distancia en el caso sirve para ser medida y calculada. Del otro lado la patología también mide pero mide negativamente porque incluso en el caso de una mafia es imposible articular un trabajo común científico que se edifica en la objetividad y en el desinterés particular porque sus resultados se ofrecen como una contribución al acervo común del conocimiento. Si la actividad es patológica necesariamente no va a estar orientada a contribuir al acervo común del saber sino que va a estar orientada a proveer un beneficio personal al individuo particular. En ese sentido la mafia siempre oculta su trama porque no puede exhibir sus lazos comunes que son exclusivos lazos de interés personal generalmente económico.

    Debe haber más para examinar y me parece que hace falta avanzar en esta dirección para poner en evidencia las mafias universitarias y académicas que por su misma naturaleza necesitan ocultar el rastro de sus nexos porque estos siempre son inmorales.

    Joaquín E. Meabe

    Facultad de Derecho–UNNE
    jmeabegigaredcom@gmail.com

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